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Cómo evaluar un sermón: una lista de verificación que sí se puede usar

21 de septiembre de 2026

La mayoría de las hojas de evaluación de sermones fallan en lo mismo: piden opiniones («¿Fue interesante el mensaje? 1–5»), y una opinión es justamente lo que nadie quiere darle a un predicador. Una lista funciona cuando pide cosas que se pueden señalar en el sermón mismo. Esta lo hace. Está pensada para evaluar su propia predicación a partir de una grabación, pero sirve igual en una clase de homilética o en un grupo de pastores.

Antes de empezar: lo que no se evalúa

Deje tres cosas fuera de la hoja. La doctrina: si la interpretación es la correcta lo decide su tradición, no un formulario. El peso espiritual: lo que pasó en el templo no cabe en una transcripción, y calificar lo que no está ahí es fingir. El predicador: usted evalúa este sermón, no un llamado. Todo lo que queda tiene que ver con las palabras, y las palabras sí se pueden revisar.

1. Estructura

2. Manejo del texto

3. Comunicación: cuente, no juzgue

Aquí es donde una transcripción le gana a la memoria. Un juicio puede equivocarse; un conteo, no.

4. Aplicación

Cómo usarla con usted mismo

No la llene de memoria. La memoria guarda los párrafos buenos y borra los incómodos. Grabe el sermón (un celular cerca del púlpito alcanza), páselo a texto y recorra la lista sobre la página. Luego repítalo los dos domingos siguientes. Un sermón le muestra el día; tres le muestran la costumbre. Un hallazgo que aparece tres veces es suyo para trabajarlo. Uno que apareció una vez fue cosa de ese día.

Preaching Lab recorre esta lista por usted. Envíe un enlace o una grabación y recibe el sermón transcrito, los conteos hechos y cada hallazgo atado a una cita de su propio sermón: no «las transiciones fueron débiles», sino la frase exacta que sirvió de puente. Con varios sermones separa lo que sigue volviendo de lo que usted ya corrigió. No juzga la doctrina, y el informe solo lo ve usted.

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