Colosenses 3:1-17
Sermón sobre Colosenses 3: buscar lo de arriba, vestirse del hombre nuevo
Colosenses 3 pone al predicador ante una lista de pecados que quitarse y una lista de virtudes que vestirse, y la tentación es predicar las dos listas como si fueran la meta, cuando el texto las cuelga de una frase anterior: han resucitado con Cristo. El texto exige decidir si la ética de los versículos 5 al 17 se predica como consecuencia de algo ya dado, o como una tarea que el oyente debe lograr por su cuenta.
El texto de un vistazo
- El pasaje abre con un mandato de orientación: poner la mente en las cosas de arriba, porque la vida del creyente está escondida con Cristo en Dios (versículos 1 al 4).
- De ahí pasa a una serie de verbos de despojo: hacer morir lo terrenal, quitarse una lista de conductas que incluye ira, calumnia y mentira (versículos 5 al 9).
- Sigue el giro central de identidad: el que se ha quitado el viejo hombre se ha vestido del nuevo, que se va renovando conforme a la imagen del Creador, y en el cual ya no cuentan las viejas divisiones étnicas y sociales (versículos 9 al 11).
- Luego viene la lista positiva a vestirse, entrañable misericordia, humildad, mansedumbre, paciencia, y el mandato de soportarse y perdonarse unos a otros, coronado por el amor como vínculo de perfección (versículos 12 al 14).
- El pasaje cierra situando toda esa ética dentro de la vida de la congregación: la paz de Cristo gobernando, la palabra de Cristo habitando con enseñanza mutua, y todo hecho en el nombre del Señor Jesús (versículos 15 al 17).
Tres caminos que puede tomar el sermón
La lógica del indicativo antes del imperativo
Un sermón puede mostrar que Pablo no dice quítese esto para llegar a ser algo, sino porque ya resucitó con Cristo y su vida está escondida en él. Esto exige que el predicador resista el orden natural de empezar por la ética, y en cambio construya el sermón mostrando primero el fundamento de los versículos 1 al 4 antes de tocar cualquier lista. Cuesta más trabajo de estructura, porque el oyente espera que el sermón vaya directo a la conducta.
Las dos listas como un solo movimiento de vestuario
Otra dirección legítima es tomar la imagen de quitarse y vestirse como metáfora central y trabajar las dos listas en paralelo, mostrando que no basta con dejar de hacer algo si no se llena ese lugar con su contraparte. Esto exige tratar ambas listas con el mismo peso, sin apurar la segunda, y arriesga convertirse en una lista de virtudes genérica si no se ancla en el versículo 14 sobre el amor como vínculo.
La comunidad como el escenario real de la ética
Una tercera dirección legítima es notar que casi todos los verbos de los versículos 12 al 17 son plurales y relacionales: soportarse, perdonarse, enseñarse, cantar unos a otros. El sermón entonces no trata la santidad como proyecto individual sino como vida de cuerpo, lo cual exige aplicaciones que involucren a otros miembros de la congregación y no solo disciplinas privadas.
Dónde suelen resbalar los sermones sobre este texto
Predicar la lista de vicios y virtudes como código moral aislado
Es fácil convertir los versículos 5 al 14 en una charla de autoayuda sobre carácter, olvidando que el texto los ancla en la resurrección con Cristo de los versículos 1 al 4. Cuando eso pasa, el sermón termina pidiendo esfuerzo moral sin mencionar de dónde viene la capacidad para ese cambio.
Saltar el versículo 11 sobre la nueva identidad
El versículo 11, donde ya no hay griego ni judío, esclavo ni libre, suele omitirse porque parece un paréntesis, pero es el corazón teológico del pasaje: la nueva humanidad borra las categorías que antes dividían. Omitirlo deja el sermón sin explicar por qué el hombre nuevo se describe justamente así.
Dejar que la ilustración sobre ropa reemplace el texto
La imagen de quitarse y vestirse invita a ilustraciones largas sobre vestuario, armarios o cambio de ropa que pueden ocupar más tiempo que la exégesis del texto mismo. Cuando la ilustración se vuelve el centro, el oyente recuerda la anécdota y no recuerda qué es lo que Pablo pide quitarse ni vestirse.
Cinco preguntas para después de predicar
- ¿En algún momento del sermón se explicó la conexión entre haber resucitado con Cristo, versículos 1 al 4, y la ética que sigue, o las listas de conducta se presentaron sueltas, sin ese fundamento?
- ¿Se mencionó el versículo 11 y su lista de categorías que ya no dividen, o el sermón saltó directo del versículo 10 al 12?
- ¿Cuánto tiempo del sermón, en minutos aproximados según la grabación, se dedicó a ilustrar la metáfora de quitarse y vestirse en comparación con el tiempo dedicado a explicar el texto mismo?
- ¿Se trabajaron ambas listas, la de despojo en los versículos 5 al 9 y la de vestidura en los versículos 12 al 14, con tiempo comparable, o una de las dos quedó reducida a una mención rápida?
- ¿La aplicación final pidió una acción concreta y verificable antes del próximo domingo, o se quedó en frases como amémonos más o vistámonos de Cristo sin nombrar qué haría distinto el oyente el lunes?
Que la aplicación no quede en el aire
Una aplicación con dirección dice algo como vista de compasión y humildad, lo cual es fiel al texto pero no da al oyente ningún punto de partida concreto. Una aplicación con aterrizaje toma uno de los verbos plurales del pasaje, perdonarse, enseñarse, soportarse, y lo convierte en una acción puntual que se puede hacer o no hacer antes del domingo siguiente.
- Esta semana, llamar o escribir a una persona con quien hay una ofensa pendiente y decir en palabras concretas que se le perdona, según el versículo 13.
- Elegir un momento de la semana para reemplazar una respuesta de ira ya identificada por una de mansedumbre, y anotar cómo salió para contarlo si se pregunta.
- Antes del domingo, buscar a alguien de la congregación de otro trasfondo o edad y tener una conversación que reconozca la unidad del versículo 11 en la práctica, no solo en teoría.
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