Salmo 73
Sermón sobre Salmo 73: cuando le va bien al que no le importa Dios
Este salmo se predica cuando la congregación mira alrededor y ve que a la gente que no busca a Dios le va bien, y a los que le sirven, no tanto. Asaf lo confiesa sin rodeos: casi resbalan sus pies. La exigencia para el que predica es no resolver esa envidia con una respuesta rápida, sino quedarse en el verso 16, donde el salmista dice que entender esto era penoso, hasta el verso 17, donde algo cambia al entrar al santuario.
El texto de un vistazo
- El salmo abre con una afirmación de fe, verso 1, que el resto del texto va a poner a prueba: Dios es bueno con Israel, con los limpios de corazón.
- De los versos 2 al 12, Asaf describe con detalle la prosperidad de los impíos: no tienen congojas, su vientre engorda, hablan con soberbia y les va bien.
- En los versos 13 al 14 llega la queja personal: en vano he limpiado mi corazón, porque he sido azotado todo el día.
- El giro ocurre en los versos 16 al 17: entender esto era duro hasta que entró en el santuario de Dios y entendió el fin de ellos.
- El salmo cierra, versos 23 al 28, no con una explicación del problema sino con una relación: aun así, yo siempre estuve contigo, y el bien para mí es acercarme a Dios.
Tres caminos que puede tomar el sermón
La envidia como punto de partida honesto
Se puede predicar el salmo empezando donde empieza Asaf: la envidia a los arrogantes cuando ve su prosperidad, verso 3. Esta ruta exige nombrar la envidia como algo real en la congregación, no como un pecado ajeno, y aguantar la incomodidad de no resolverla enseguida.
El santuario como lugar donde cambia la perspectiva
Otra dirección centra el sermón en el verso 17, el giro que ocurre al entrar al santuario de Dios, y pregunta qué significa hoy ese espacio de adoración y comunidad para recuperar la perspectiva. Requiere cuidado para no reducir el santuario a un edificio ni convertirlo en fórmula mágica contra la duda.
El fin de los impíos frente al bien de estar con Dios
Un tercer camino sigue el contraste entre el destino resbaladizo de los que prosperan sin Dios, versos 18 al 20, y la afirmación final del salmista, versos 25 al 26: fuera de ti nada deseo en la tierra. Esta ruta toca temas escatológicos donde las tradiciones difieren sobre cómo y cuándo se revierte esa aparente injusticia, y conviene nombrar esa diferencia sin resolverla desde el púlpito.
Dónde suelen resbalar los sermones sobre este texto
Resolver la envidia antes de que el texto la resuelva
Es tentador saltar del verso 3 directo a una conclusión piadosa sin dejar que la congregación sienta el peso de los versos 4 al 12, donde de verdad les va bien a los impíos. Si el sermón apura ese tramo, la resolución del verso 17 pierde su fuerza porque no hubo problema real que resolver.
Convertir el santuario en una técnica espiritual
Otro riesgo es tratar el verso 17 como una fórmula: entra a la iglesia y se te aclara la mente. El texto no explica qué vio Asaf ni cómo, solo que algo cambió, y forzar una explicación mecánica sustituye el misterio del texto por una receta que no está ahí.
Saltar el verso 22 y la confesión de necedad
Asaf admite en el verso 22 que fue ignorante y como una bestia delante de Dios, un verso incómodo que algunos sermones omiten para no manchar al salmista modelo. Omitirlo quita fuerza al giro posterior, porque el salmo no llega a la confianza del verso 26 evitando la propia torpeza, sino atravesándola.
Cinco preguntas para después de predicar
- ¿En algún momento del sermón se nombró en voz alta la envidia hacia alguien a quien le va bien sin buscar a Dios, o el tema quedó en abstracto todo el tiempo?
- ¿Cuánto tiempo, en minutos, se dedicó a describir la prosperidad de los impíos, versos 2 al 12, antes de pasar a la resolución del verso 17?
- ¿Se leyó o mencionó el verso 22, donde Asaf se llama ignorante y bestia, o el sermón saltó directo de la queja a la confianza final?
- ¿Se explicó qué hizo Asaf al entrar al santuario, o solo se citó el verso 17 como frase suelta sin detenerse en qué cambió su manera de ver?
- ¿La conclusión del sermón repitió una idea general como confiemos en Dios pase lo que pase, o señaló algo puntual que el oyente puede hacer esta semana cuando compare su vida con la de otro?
Que la aplicación no quede en el aire
Una aplicación con dirección se queda en no envidies al que le va bien, y el oyente sale de acuerdo pero sin nada que hacer. Una aplicación con aterrizaje toma el movimiento del salmo, de la comparación hacia el santuario, y propone un paso concreto que alguien pueda dar antes del próximo domingo para practicar ese mismo giro.
- Escribir en una hoja el nombre de la persona cuya prosperidad más le incomoda, y llevarla a la próxima reunión de oración en vez de guardarla para sí.
- Elegir un momento fijo esta semana, por ejemplo el miércoles en la noche, para leer el Salmo 73 completo en voz alta, deteniéndose en el verso 17.
- Antes del domingo, contarle a otra persona de la congregación un momento reciente en que sintió que a otros les iba mejor sin buscar a Dios, y orar juntos por eso en vez de callarlo.
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